23 ene. 2011

Razas de Fantasía. 3

Los Vesclanos
Vida Privada y Creencias

Sin duda, a los vesclanos les gustaría vivir sin más, entre el bosque y el cielo, teniendo como únicos vecinos a los animales salvajes y los espíritus que adoran. Para este pueblo, la llegada de los hombres grises y la progresiva expansión de los territorios sufones, desde el oeste y el noreste, supuso una convulsión social y económica que se alargó durante muchas estaciones, al ver mermado sus recursos y sus tierras.

Los vesclanos son una de las razas más pacíficas e introvertidas de las presentes en las enormes extensiones de tierra de las Colonias, según la denominación de los hombres grises. De hecho, los vesclanos rara vez han iniciado guerra alguna, incluso en el ámbito privado resulta extraño ver un vesclano iniciar una pelea. La violencia se reserva para la defensa, aunque no existe para este pueblo una exclusión expresa de la vía de las armas y, de hecho, si éstos se consideran engañados o timados, no dudan en afilar sus dagas.
Es, quizás, la falta de ambiciones políticas y territoriales lo que resulta más chocante y singular de esta raza, y al mismo tiempo, lo más apreciado por aquellos que les son próximos. Su fidelidad y sentido del orden son proverbiales en el oeste y en el este, y tener un amigo entre ellos significa tener alguien al que poder recurrir, alguien al que acudir aunque el tiempo haya extendido las zarzas del olvido.

En las creencias de este pueblo, “amendhas”, no hay ni dioses ni santos, y menos aún representación física de los mismos. Su culto se basa en una energía rectora, “Boadhais”, que organiza y hace el mundo posible. Son un pueblo animista, que cree que el Más allá es un tránsito que los devuelve al fuego primigenio de la tierra, que adora a las fuerzas del viento y la tempestad, a lo que respira en la profundidad de las cuevas, que ama los árboles, los bosques y los prados, ya que consideran que al morir, se vuelve al Boadhais, en todas sus formas posibles. De todas las expresiones de la naturaleza, es en el fuego donde los vesclanos ven la condensación, el clímax, del Boadhais, ya que consideran que la energía desprendida por las llamas es pura renovación, un tránsito de un estado a otro.

En el ámbito familiar, al contrario que en el ámbito público, los vesclanos son gobernados por sus féminas. Algunos historiadores apuntan a un “matriarcado encubierto”, cuando se refieren a esa sociedad. Es en la intimidad de los salones de sus hogares donde las vesclanas sacan el mal genio por el que son conocidas, mandando en la educación de sus hijos y en las cuentas de la casa. Es tal su poder, que en el proceso de toma de las grandes decisiones de esta raza, se sospecha que muchas son adoptadas desde la alcoba.
Las familias vesclanas acostumbran a ser numerosas, lo que facilita la estructura de clanes, ya que cada hembra puede albergar en su vientre entre diez y doce retoños, aunque muchos mueren durante los tres primeros años de vida por ser los neonatos de muy pequeño tamaño y escasas defensas. En las familias, la abuela es la figura que aglutina al resto de parientes y su defunción es el acto social más notable, por encima de alianzas y matrimonios. Los muertos jamás son enterrados, y se opta por la incineración como último adiós, ya que consideran que la energía de la muerte no desaparece, si no que se transforma.


Los vesclanos son esencialmente monógamos, aunque entre su aristocracia mercantil se toleran casos de poligamia, en la que una hembra de prestigio puede contar con tres y cuatro maridos. Y es que los vesclanos disfrutan de un sexo único, enormemente placentero para sus mujeres, que por suerte de su raza no resultan atractivas para hombres y sufones. En sus prácticas sexuales, de múltiples y breves encuentros, no existe el concepto de intimidad ni asociaciones morales vinculadas, lo que crea una alta exigencia para los machos, que en casos aislados pueden ser repudiados por sus esposas en caso de disfuncionalidad severa.

A diferencia de sufones y murrianos, y al igual que los hombres, los niños viven con sus padres hasta el “andihomius”, el ritual de paso de la niñez a la edad adulta, en el que los jóvenes juran ante el wasileus de su ciudad obediencia al “Libro de los días”, que dicta las leyes y las costumbres de este pueblo. Tras el juramento, los jóvenes han de permanecer tres lunas en las Cuevas de Arrt, bajo las órdenes de instructores en leyes e instructores militares. A partir de ese momento, los jóvenes pueden iniciar su propia singladura, lejos de sus progenitores.

Los vesclanos son una sociedad de comerciantes extremadamente tradicional y rígida. Se reserva a los machos el derecho de comerciar y vivir lejos de sus asentamientos, y son los viajantes y mercenarios el único canal con el mundo exterior, la única posibilidad de renovación de una comunidad muy estructurada. A las hembras se las reserva el espacio doméstico, el deber de la descendencia y parte del trabajo artesanal y recolector, mientras los vesclanos se dedican a la agricultura, la minería, el trabajo de los metales y la guerra, junto con el gobierno. Aunque esta división es, en parte, aparente.

Arquitectura, Estructura Política y Economía

Al igual que su concepción del mundo, los vesclanos construyen sus pueblos y urbes mirando hacia la tierra, buscando el refugio en ella. Siempre que les es posible, esta raza ha construido ciudades en parte visibles, que ocultan su corazón bajo tierra, ya sea aprovechando y ampliando cuevas naturales, fundando núcleos pegados a altos abrigos rocosos o bajo cortes montañosos. La conquista de una ciudad vesclana es un trabajo para titanes pacientes, ya que rebasados sus altos muros sólo se logra arrancar la piel del enemigo.

Su capital, Dahaee, es un ejemplo de ello. Su majestuosa ágora se halla bajo techo, en el interior de la montaña, cerca de la entrada de la cueva de dónde la ciudad nace, iluminada por la concentración de mayor número de velas de todos los territorios y en las tardes despejadas, por la declinante luz del sol. En la profundidad de la montaña vive más de la mitad de su población, en largas galerías excavadas en roca viva donde no llega el calor del día. Bajo la ciudad visible, rodeada de un doble muro y altos torreones, trabajan los artesanos del hierro y los tejedores, se cuecen bloques de arcilla, se cocina y se vive.
Los accesos a cada uno de los niveles de la ciudad están bloqueados por grandes puertas de acero azul y, en caso de asedio, se liberan las palancas de múltiples trampas, que significan un calvario y enormes pérdidas para aquél que ose tomar por la fuerza Dahaee.

La falta de ambición y su carácter pacífico, han hecho de este pueblo el mejor constructor de fortalezas y estructuras militares del universo del Mar de los Anónimos, de modo que la mayoría de los ejércitos consideraría muy seriamente la negociación ante las puertas de sus bastiones.
El gobierno vesclano, o Teslas, está formado por representantes de las doce familias más poderosas, pero a sus cargos o “demos”, se accede por votación. Esta raza es gobernada por un sistema parecido a una república, en el que los cargos son elegidos en las Juntas de Iguales, que tienen poder para devaluar, castigar e incluso condenar a muerte a un mal wasileus, ya sea éste civil o militar.
La moneda más común es el doih, en piezas de bronce y plata, apreciadas como cambio por la pureza de sus metales, que se ha mantenido imperturbable durante generaciones.

Su ejército no pasará a los anales de la historia del Mar de los Anónimos como el mejor de las razas conocidas, ya que evitan la lucha a campo abierto. Las unidades están adscritas a las fortificaciones que defienden, encargadas también del orden de su perímetro exterior, dividiendo el país en castillos y ciudades, que funcionan también como unidades administrativas.
Su armamento no difiere mucho al de los hombres grises, pero sí dan una importancia capital a los artilugios destinados a desbaratar un asedio: grandes catapultas cargadas con piedras y barriles de aceite ardiendo, ballestas de arco infinito con cargadores automáticos, trabucos ciclópeos, carrosbalista que deben ser tirados por cuarenta vesclanos, contraminas inundadas de escorpiones, y un sinfín de trampas invisibles, que se activan cuando una hueste enemiga se acerca o intenta saltar por encima de sus almenas.

Su economía, al igual que las grandes civilizaciones a lado y lado del Mar de los Anónimos, se basa en la agricultura, la manufactura y el comercio, aunque con sus particularidades.
Su agricultura no es exportadora, ya que cultivan productos extraños destinados al propio consumo como son líquenes, setas y lúpulo. Su ganadería no existe, ya que las proteínas de su base alimentaria se obtienen de las grandes granjas de insectos (gusanos y termitas, especialmente), en las afueras de sus ciudades, y en la pesca. Carpas, espricones y salmones son sus platos de fiesta preferidos.
La gran riqueza de los vesclanos, su nombre, se ha relacionado con el metal, ya sea por su extracción o por su trabajo, en las grandes forjas que son el orgullo de este pueblo. Estas forjas son las de mayor renombre del mundo conocido y su metal el más ligero y resistente, aunque los vesclanos adolecen de tecnología, y la entrada de los arcabuces y las nuevas armas de fuego dejarán en jaque a esta industria tradicional. Gran parte de su fama de herreros proviene de la calidad de su material, metales de gran pureza extraídos de sus minas al aire libre, relamiendo en círculos las bolsas de hierro, zinc y cobre de los montes y carcomiendo con paciencia los intestinos de las montañas de los Cerros Negros, al sureste de sus asentamientos, a través de profundos túneles, en cuya delicada construcción son maestros.


4 comentarios:

  1. Voy a leerte por capítulos. Así que cuando acabe...ya te escribiré.

    Esto es un libro Ígor! deberías publicar y ganarte la vida con ello.

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  2. Hola, tranquila que esto es la explicación de las razas y personajes de Antigua Vamurta. Y sí, la novela sale publicada en setiembre de 2011.

    Ganarme la vida con ello... Imposible. No da. Quizá algún colega, algún lector.
    Gracias por pasarte. Me gusta que te guste.
    Un abrazo.

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  3. Me gustan estos textos, estas descripciones de razas y demases. Lo que más me ha gustado es cuando en algunos te vales de fragmentos de tu novela.


    «Son un pueblo animista, que cree que el más allá es un tránsito»

    Ese Más Allá creo que debería ir en mayúscula, porque es un lugar específico.

    «los vesclanos ven la condensación, el clímax, del Boadahais, ya que consideran que la energía desprendida por las llamas es pura renovación, un tránsito de un estado a otro.»

    Aquí, creo que sale mal escrito Boadahais respecto a las otras menciones, creo que le sobra una "a", ahora no me acuerdo.

    «grandes catapultas cargas de piedras y barriles de aceite ardiendo»

    grandes catapultas CON cargas de piedras.

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  4. Ya ves, Sergio. Demasiados errores. Rezo porque la corrección del libro sea en profunidad, visto lo visto.
    Nada que objetar. Toda la razón, voy a introducir tus sugerencias y modificaciones inmediatamente.
    Un abrazo.

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